CAMPAÑA POR UNA VIDA MEJOR
Actitud en las calles...
Cuántas veces nos hemos detenido a pensar o discutir acerca de la actitud de nuestra gente, de la cultura chilena, de los deberes ciudadanos y nos hemos encontrado –y conformado- con la misma respuesta: así somos y no hay nada que hacer.
En cuantas ocasiones hemos tratado de encontrar una solución envolviéndonos en el mismo espiral que justifica nuestras acciones aludiendo que no hay nada que se pueda cambiar, cómo vamos a hacer para asfixiar los hábitos del mundo –que ya se parecen al espíritu-, si las personas son como son y las acciones son consecuencia de ello.
Pues bien, en un intento por tratar de cambiar la estática actitud de resignación, los invito a pensar, y si desean discutir, acerca de esos modales que finalmente terminan por afectar nuestro ánimo a diario y se va transmitiendo en cadena como la peor de las enfermedades.
Me explico.
Con tanto hoyo, bocina, micro, auto, encerronas, prepotencia, etc. etc. etc., a la hora de utilizar las vías de nuestra ciudad -ya sea como automovilistas, peatones o usuarios del trasporte público-, nos hemos enfrascado en eternos alegatos de cómo y por qué el sistema no funciona y vamos de mal en peor en urbes de pleno crecimiento donde, al parecer, ese desarrollo es poco proporcional.
Mi humilde opinión es que no hay que esperar que las autoridades competentes hagan el trabajo por la ciudad, si al final que las micros mejoren, que se tapen los hoyos, que se hagan más calles y carreteras son parte de un proceso mucho más amplio que tiene que ver con nuestra actitud ciudadana hacia los demás cuando utilizamos nuestras vías.
A favor de poco conformismo con hago un llamado a realizar el siguiente ejercicio:
Pregúntese si es necesario tocar la bocina, si es imperante doblar en segunda fila, si hay que cerrar el vidrio cuando alguien pide plata, si hay que echarle la culpa al micrero por que se llega tarde, si hay que pasar antes que el otro, si hay que abalanzar el auto o la micro sobre peatón, si es necesario cruzar a mitad de calle, y en general, si es ineludible tomar el modo que no sólo afectan nuestra salud, sino la de los demás.
Así es, por que creo que el stress y la rabia sólo generan problemas de salud y muchas de esas situaciones se dan cuando transitamos por las calles, en una ciudad donde los tramos son extensos y el tiempo que pasamos desplazándonos es, a mi gusto, altísimo. (Escenario que no sólo se remite a Santiago)
Esto no es un llamado a desechar nuestra facultad cívica de exigir un entorno mejor a quienes deberían responder por ello, sino entiéndase como pequeño cambio de actitud en las calles que es de esperarse, se extienda tan rápido como una enfermedad, pero benigna.
Karol Krause
Relacionadora Pública
MFPH



